LIDERAZGO INTRAPRENEUR Y ENTREPRENEUR

En la actualidad te será bastante conocido el término de líder, finalmente es algo a lo que todos aspiramos, todo profesionista se enfrenta a una disyuntiva: construir una carrera en empresas ya establecidas o crear él mismo la compañía de sus sueños. Ninguno de los dos caminos es sencillo.

Liderazgo Entrepreneurs  (externo) El objetivo principal de  este tipo de personas es la modificación del mercado. Está originado por emprendedores de pequeñas empresas que se caracterizan por crear algo nuevo, algo diferente, construyendo con creatividad y descontento para satisfacer aquellas necesidades aún no satisfechas.

Liderazgo Intrapreneurs (Interno) Esta clase de emprendedores realiza las transformaciones de las estructuras empresarias, son fieles a sus propias metas y a su talento, donde la creatividad vulnera el tradicionalismo rutinario gerencial

Un emprendedor o entrepreneur es aquella persona que funda y comanda una empresa con todos los riesgos y problemas que esto implica; desde el manejo de los factores de producción hasta la definición de estrategias a seguir. Un emprendedor combina talentos abstractos como la innovación con habilidades muy concretas de ejecución administrativa. Es un ser tenaz que cree que el éxito le pertenece a los necios. Debido a estas características trasgresoras, se tiende a considerar que un emprendedor nato es incompatible con una compañía fundada por un tercero, puesto que su institucionalización implicaría ir en contra la misma esencia que lo torna especial.

En 1985, sin embargo, el autor Gifford Pinchot reivindicó la idea de trabajar al interior de una corporación. En su obra Intrapreneur: The spirit of entrepreneurship within an existing organization, Pinchot acuñó el término del intrapreneur, o emprendedor interno, al que definió como un agente creativo interno capaz de hacerle frente a viejos esquemas e imponer nuevas culturas. No cualquier compañía puede absorber a estos intrapreneurs, pero aquellas que están dispuestas a intentarlo, sostiene Pinchot, pueden verse recompensadas con una estructura más adecuada para competir en “la era del conocimiento”. Esta idea romántica del intrapreneur ha generado una cultura de management que ha exagerado el margen de maniobra con el que cuenta un ejecutivo en un contexto organizacional común y corriente.

Ciertamente, por lo menos en México, tal idealización no queda acreditada en las cifras. Lejos de ingresar a las grandes compañías, los recién egresados prefieren refugiarse en los negocios de sus familias. Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI, al cierre del 2007, cerca de 22.8 millones de personas ocupadas contaba con un vínculo familiar con su jefe laboral. Es decir, 52 por ciento de la población ocupada total trabaja con familiares, y este nivel crece a una tasa anual de 4.3 por ciento.

La falta de oportunidades ha empujado a que los negocios familiares generen sus propias redes consanguíneas de trabajo. Los vástagos son los que gozan de mayor preferencia: 12.3 millones de personas – 28.1 por ciento de los 44 millones de personas ocupadas- tienen como jefe a uno de sus padres. Se podría argumentar que la situación no es exclusiva de las pequeñas empresas, y que también se presenta en los corporativos (basta con ver una lista de los emporios mexicanos para corroborar que en una buena parte de ellos sus directivos están relacionados sanguíneamente). Sin embargo, el hecho de que las principales empresas de México sean familiares habla en sí mismo de dinámicas oligárquicas donde se ha privilegiado el control vertical por encima de la institucionalización. No se trata de todos los casos, claro, pero una buena parte de las empresas más importantes del país aún son controladas por esquemas propios de la era industrial, y no de la era del conocimiento. Bajo esta perspectiva, el concepto del intrapreneur, tan idealizado en papel, resulta menos atractivo en la praxis.

El camino del Entrepreneur tampoco es un lecho de rosas. Ricardo Salinas Pliego, director de Grupo Salinas (corporativo que aglutina a Banco Azteca y Televisión Azteca, y cuyos programas de responsabilidad social le dan un marcado énfasis a promocionar la cultura emprendedora), lo expone con crudeza:

“Es triste que los chicos no quieran ser emprendedores e iniciar sus propios negocios. La verdad es que la mayoría no cuenta con la personalidad necesaria para ser empresario. Yo me doy de santos con que el 10 por ciento de los muchachos quieran ser empresarios; es más, con el cinco por ciento. Hay esperanza. La idea de ser independiente es algo que atrae a los jóvenes, lo que pasa es que no ven cómo. El gobierno lo ha hecho todo difícil. Las regulaciones te vuelven loco; en lugar de preocuparte por la satisfacción al cliente o el producto, estás enfocado en los trámites, en las altas en Hacienda, en los impuestos. ¡Es absurdo! Los emprendedores sufren un calvario brutal. El principal destructor de la creatividad empresarial es el gobierno.

En México, la permanencia de los negocios familiares es reducida: sólo el 40% logra pasar exitosamente a la segunda generación. Esto significa que seis de cada diez son vendidos, fragmentados o quiebran al ser conducidos por los descendientes del fundador. Solamente el 4 por ciento de esas compañías pasa a la tercera generación; es decir, el 96 por ciento de las empresas familiares nunca llega a ser manejada por los nietos. No hay nada seguro: ni el rumbo del intrapreneur corporativo, ni el emprendimiento, ni el negocio familiar. Todo es desafiante. Propuesta: si la dificultad va a ser la norma, ¿por qué no arriesgarse a escoger el camino que deseamos y no el que ilusamente consideramos el más seguro? 

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